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Reseña de If Beale Street Could Talk: El trágico romance de Barry Jenkins

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Con su tercera película, el guionista y director Barry Jenkins lleva consigo un peso de expectación tras ganar el Oscar con la bellísima Moonlight, estrenada en 2016. Antes de eso había hecho un aclamado drama en el 2008 llamado Medicine for Melancholy. Dos años después de ganar el premio de la Academia en esa polémica y recordada ceremonia en la que anunciaron por error a La La Land como ganadora, Jenkins regresa con una audiencia más amplia y hambrienta, y su decisión de adaptar una novela muy querida de James Baldwin le otorga un nivel de expectativa aún mayor junto con una presión injusta pero inevitable.

Reseña de If Beale Street Could Talk, la nueva película de Barry Jenkins

Si bien el guión de If Beale Street Could Talk (algo así como “Si la calle Beale hablara”) tiene una estructura más clásica que Moonlight, todavía está lejos de ser convencional, con Jenkins contando su historia a través de una narrativa  que salta constantemente en el tiempo. La historia se centra en Tish (KiKi Layne) y Fonny (Stephan James), dos amigos de infancia que se enamoran y terminan siendo pareja, pero cuyo vínculo se pone a prueba cuando Fonny es acusado de violación. Mientras él espera el juicio tras las rejas, Tish descubre que está embarazada y, con la ayuda de su familia, intenta hacer todo lo posible para liberar a su pareja antes de la llegada del bebé.

Con todo el racismo que se hace cada vez más fuerte en nuestros días, Jenkins elige inteligentemente mantener la novela dentro de la era en la que fue escrita, enviando un mensaje de amor que se siente más clásico que contemporáneo, al tiempo que trata temas que aún hoy son relevantes. El guión de If Beale Street Could Talk no solo discute las injusticias que el sistema legal aplica a los negros, especialmente a los hombres, sino que los yuxtapone contra otra temática muy vigente como el abuso sexual, para contar una historia rica y compleja que se adentra en las capas de los problemas sociales que actualmente aparecen en los titulares.

Como todo hombre negro en Estados Unidos, Fonny es víctima de un sistema cruel y Jenkins teje la indignación en su película sin una mano dura. La ira por una injusticia insoportable se reemplaza por la tristeza de una pérdida aparentemente insuperable, del artista, el esposo y el padre que nunca podría ser, y hay una punzante presciencia en la caída de Fonny. Pero sigue habiendo un optimismo en todo momento y una creencia sin arrepentimiento en el poder restaurador del amor.

El amor de Jenkins por el material es latente, pero el inconveniente es que a menudo puede nublar su visión. Ha hablado sobre su deseo de permanecer fiel al texto y, a veces, especialmente con la narración de Tish, el diálogo puede sentirse demasiado detallado, demasiado construido para la pantalla. El ritmo y la estructura poco convencional funcionan en su mayor parte, pero a veces pueden sentirse bastante fuera de lugar.

Sin embargo, a pesar de estos detalles, nuestra atención sigue intacta ya que Jenkins sigue siendo un gran artista visual que no para de mejorar. La película es increíblemente hermosa, cada fotograma está artísticamente compuesto y cada elección de la música concuerda cuidadosamente. Con un presupuesto más grande que el que tenía para Moonlight, Jenkins ha creado una película rica en imágenes persistentes, sin que se sienta demasiado exagerada.

Tráiler subtitulado de If Beale Street Could Talk, de Barry Jenkins

El director también aplica su verdadera técnica de primeros planos intensos y centrados en sus actores, que a menudo dicen más sobre el espíritu general del personaje que cualquier diálogo. A quien más favorece la gran puesta de cámara es a Regina King, que interpreta a la madre de Tish y ofrece la actuación más “oscarizable”. En cierto modo, representa la actitud de la película en general: Es cruda pero compuesta, y enojada con el mundo mientras aún tiene una admirable e intrínseca compasión.

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