Ant-Man and The Wasp ha llegado las salas de cine con una nueva misión en miniatura.

El último estreno del Universo Cinematográfico de Marvel ha llegado. La segunda entrega de Ant-Man nos arroja algunos nuevos datos sobre Infinity War, aunque no de la manera en que esperábamos. Exceso de humor y terribles villanos son los rasgos con los que podríamos resumir Ant-Man and The Wasp.

Reseña de Ant-Man and The Wasp: Un relleno en la agenda “marvelita”

La película es dirigida una vez más por Peyton Reed. Esta es la razón por la que la segunda parte sostiene la línea del personaje y la forma en que se desarrolla la trama, aunque esta vez se exaltan otros elementos. En esta entrega, Scott Lang (Paul Rudd) intenta obtener el equilibrio entre la vida de superhéroe y su rol como padre de familia, todo ello mientras se encuentra en arresto domiciliario (tras los sucesos de Civil War).  Las primeras escenas se concentran en su vida ordinaria y resultan un poco innecesarias. Inevitablemente nos recuerdan a las películas del más famoso representante del “humor americano”: Adam Sandler. La personalidad de Scott y su comportamiento es muy semejante a los personajes de Son Como Niños (Dennis Dugan, 2010). A todos nos gusta el bueno de Adam Sandler, pero no esperamos ver algo parecido en una película de superhéroes.

Scott intentará equilibrar su vida entre ser un héroe y un padre familia.

Otro personaje de que parece forzado en Ant-Man and the Wasp es Luis (Michael Peña). El entrañable amigo y compañero de trabajo de Scott vuelve  para apoyarlo en esta misión, aunque sus chistes son el doble de absurdos que en la primera parte (quizá la primera vez funcionaron). A veces parece que a los creativos de Marvel Studios se les acaban las ideas, o les da pereza crear mejores historias. Tal vez sea momento de dejar atrás los estereotipos del extranjero bufón. No es casualidad que esto se repita en cada película de humor estadounidense.

De los villanos se puede decir realmente poco. En el largometraje hay tres bandos, a quienes podríamos llamar los buenos, los resentidos y los mafiosos. Las alteraciones genéticas y la tecnología siguen siendo parte importante de las historias de superhéroes. Mientras unos personajes tienen las habilidades, otros las desean para enriquecerse u obtener poder. Sonny Burch (Walton Goggins) es un traficante de tecnología avanzada que, tras ser rechazado por Hope Van Dyne/Wasp (Evangeline Lilly) en su intento por tomar una parte del imperio cuántico, decide tomar el laboratorio del Dr. Hank Pym (Michael Douglas) a la fuerza. Pero no es el único que necesita la tecnología cuántica. Ghost/Ava (Hannah John-Kamen) también entra en la batalla por dicha tecnología, la cual necesita para poder curarse del desfase físico que la aqueja, creyendo que ha sido culpa del Dr. Hank. Todos ellos se enfrentan a Ant-Man, The Wasp y su ejército de hormigas, en batallas que no terminan por concretarse nunca.

El traje de Ghost le ayuda a reducir el dolor por desfazamiento físico.

Sinceramente, esperábamos mucho más de Ant-Man and the Wasp. Nos quedamos con las ganas de ver algún viaje en el tiempo (relacionado a la energía cuántica), algún contacto con otros Vengadores o algo que ver con los eventos de Infinity War, pues es lo que se prometía con la ausencia de Ant-Man en la batalla contra Thanos. Sin embargo, hay que esperar a las escenas post-créditos (recomendamos ampliamente no perder el tiempo esperando la segunda escena, es una burla) para obtener un guiño a estos temas. Ant-Man and The Wasp funciona sólo como un simple relleno en la agenda de Marvel, en un intento por calmar la espera rumbo al final de una era en la franquicia, y por qué no, en el cine comercial.

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